¿Qué me ha hecho feliz hoy?

Nuestra vida es una fuente de goces

Nuestra vida es una fuente de goces

La respuesta a esta sencilla y agradable pregunta, que sin embargo nunca nos planteamos, nos hace conscientes de una infinidad de “pequeños grandes” goces cotidianos que nos pasan inadvertidos y demuestran que esta vida y este mundo pueden ser una fuente inagotable de alegrías y momentos positivos.

Por Omar R. Goncebat

Detenerse y disfrutar la cálida caricia del sol. Respirar y llenarse lo pulmones de aire puro. Observar y sentir lo que nos rodea en este momento. Escuchar el canto de los pájaros. Jugar y compartir descubrimientos con nuestros hijos. Mirar a nuestra pareja a los ojos y después cerrarlos. Abrazar a un amigo…

Son pequeños gestos, cosas muy sencillas, que nos reconectan con nuestro ser interior y nos ayudan a sentirnos muy bien, al igual que otras actividades tan simples como pasear al aire libre, escuchar música, hacer el amor, dormir como un bebé, disfrutar de una comida en buena compañía o tomar un baño.

A menudo la clave de la felicidad, no radica en vivir situaciones fuera de lo común sino en saber apreciar las pequeñas delicias que suelen ocurrirnos a diario sin que nos demos cuenta de ellas. Si nos mantenemos atentos a lo que nos sucede y rodea, descubrimos muchas y buenas razones para sentirnos bien.

¿Sientes que tu existencia es una fuente permanente de deleites o que los momentos de bienestar son más bien la excepción en vez de la norma? Para ayudar a aclarar esta cuestión vale la pena  hacerse otras preguntas, cargadas de un gran potencial revelador al finalizar cada jornada: ¿De qué he disfrutado hoy? O dicho de otra manera: ¿Qué me ha alegrado la vida durante este día?

Hacernos conscientes del goce, en vez de vivirlo de una manera automática, multiplica nuestro disfrute. Por ello es importante darnos cuenta en el momento en que estamos disfrutando.

A lo largo de la jornada vivimos momentos cargados de bienestar y sosiego, que experimentamos por ejemplo al calmar nuestra sed, al irnos a la cama con sensación de cansancio, al recibir una caricia física, al dar una caminata o al hablar con amigos, pero para disfrutarlos hemos de hacernos conscientes de ellos. Incluso podemos decirnos: “que a gusto que estoy, que bien me siento”.

Podemos descubrir un gran deleite tan asequible y barato, como la Naturaleza: paseando al aire libre, disfrutando del bosque, la playa, la montaña o el campo. O bien estimulando nuestros sentidos con el verde de las plantas, el trinar de los pájaros, las caricias de los rayos solares, la brisa y el agua pura, o con el aroma de las flores o la frescura de un jardín.

CARICIAS PARA EL CUERPO Y EL ALMA

Las “caricias emocionales”, como las que nos brinda alguien cuando reconoce nuestra valía, capacidad o belleza, también son una fuente de goce, que hay que tener en cuenta.

Al atestiguar los pequeños y grandes placeres que hemos tenido, respondiendo a la pregunta “¿de que he gozado hoy?”, descubriremos que son muchos más de los que pensamos, desde ayudar a alguien o tomar una buena comida hasta mantener una buena comunicación con los demás.

El placer consciente desarrolla en nosotros la idea de que el mundo es un lugar hermoso, donde vale la pena vivir, nos produce sentimientos de abundancia, de gratitud y de ser merecedores de lo que nos da la vida. Y disuelve las creencias limitadoras, del estilo de “esto es un valle de lágrimas”, “hay que ganar todo con esfuerzo” o “la letra con sangre entra”.

Los placeres que recibimos a través de los sentidos, también nos acercan a otros placeres superiores y menos superficiales, siempre que estos deleites sensuales sean en su justa medida y no se conviertan en el centro de nuestra vida porque entonces pueden volverse adictivos y “pedirnos” cada vez más.

El disfrutar de cada momento, nos acerca al gozo supremo de construir una mente feliz, con una alegría “sin causa”, que no se asienta en estímulos externos y efímeros, como un viaje o un regalo, sino en la conciencia de la propia realidad interna, en la alegría de ser y existir, en la felicidad de sentirse útil y servir a la vida y los seres que nos rodean.

Mirar a nuestro alrededor, “aquí y ahora”, es una experiencia muy reveladora. El interés benévolo por lo que nos rodea, las personas y el mundo, nos permite descubrir cosas fascinantes que pasamos por alto si miramos con indiferencia. Si ponemos interés, descubriremos infinidad de pequeñas alegrías para disfrutar: el olor de un árbol en flor, el sonido de una voz que llega al corazón, el relato de una experiencia interesante.

Para hacernos conscientes del disfrute, también conviene “vivir con todos los sentidos puestos” en lo que nos ocurre y rodea. Se trata de descubrir la riqueza de matices que le dan las sensaciones más insignificantes o neutras a nuestra vida: la temperatura del aire que roza la piel, el tacto de la ropa, las formas de las cosas que tocamos, la consistencia del suelo que pisamos y la textura de los alimentos que probamos.

Foto “Dreaming a different world”, cortesía de www.freedigitalphotos.net, autor: Federico Stevanin

Despierta tus sentidos en pareja

El tacto y el contacto acercan las almas

El tacto y el contacto acercan las almas

El suave tacto de piel, los juegos con las manos, el cálido contacto de los cuerpos, el vaivén de las sensaciones… Hablan su propio lenguaje, favorecen una comunicación más íntima y sincera y permiten que aflore nuestra parte menos verbal y más sensitiva. ¡Y deparan una experiencia más potente y reveladora si se disfrutan a dúo!

Por Omar R. Goncebat

VER ARTÍCULO EN REVISTA “PREVENIR”

Muchas personas se lamentan de que no encuentran pareja, pero en realidad “no pueden verla” porque no se paran a ver y sentir al otro, estar con él, comunicarse, percibirlo. Es imposible cuando se está en la continua acción y movimiento, en ir de aquí para allá.

La etapa de noviazgo es muy bonita porque cada uno está atento y presente en la relación, pero cuando comienza la convivencia suelen dejar de estarlo y la unión pierde su encanto, porque cada uno está planchando, recogiendo, ordenando, cocinando, lavando, realizando todo tipo de tareas.

La paradoja es que se está más tiempo con el otro, pero es tiempo de menos calidad, porque no se dedica a “estar y sentir”.

Hay muchos juegos y técnicas para aprender a pararse, a reconocerse y reconocer al otro, lo cual permite una comunicación más real, profunda y estable, auténtica.

Una de ellas consiste en desnudarse, para que primero uno toque y estimule al otro, y después a la inversa. Masajes, caricias, soplidos, besos, pellizcos, susurros, frutas, gotitas de esencia, una pizca de chocolate, música sensual, un aire cálido, la luz de una vela. Se pueden experimentar y probar infinidad de estímulos sensitivos, lo cual es muy placentero y erógeno, y suele conducir a una relación sexual más completa y “desde otro parte”.

JUEGO SENSITIVO PARA DOS

Podemos observar y sentir nuestro propio cuerpo: cómo y lo sentimos, en conjunto y cada una de sus partes: torso, cabeza, extremidades; músculos, piel, huesos; ojos, cabellos, boca… ¿Qué zonas son más sensibles, duras, suaves, o “acorazadas”?. ¿Qué partes nos hacen sentir bien y cuáles nos producen malestar?.

Al explorar nuestro propio cuerpo, aprendemos a conocernos y a reconocernos. Pero lo ideal es despertar los sentidos en conexión con otra persona querida: es más fácil, envolvente y grato.

El efecto de “despertador sensitivo” es aún mayor si compartimos la exploración y estimulación con nuestra propia pareja. Cada uno juega a despertar los sentidos del otro, investiga y aprende a conocer el cuerpo ajeno, sin hablar, sin lenguaje verbal, para “estar en lo que se está”.

· Durante una hora busca elementos que te estimulen los sentidos. Primero lo pruebas en ti para ver sus efectos.

· Busca tu particular forma de estimular con cosas agradables: un guante de seda, un cubito de hielo, un pétalo, un cepillo o cualquier elemento que lleve a la sensualidad y permita jugar.

· Después, aplica los estímulos elegidos a tu compañero de juego, que se abrirá a la experiencia y dejará hacer y sentir. Su cuerpo quedará envuelto en la sensación y el sentir.

· Juega con los contrastes. Toca al otro con tus manos para que sienta su calor, después mételas en agua y recorre su cuerpo con tus dedos, ahora fríos. Otros contraste que puedes hacerle sentir son suave/áspero, duro/blando, dulce/salado, sonido/silencio…

· Da rienda a tu creatividad. Incluso algunos contactos “que pinchan” como el erizo de una castaña puede ser grato y sorprender al otro si se lo desliza sobre su piel sin presionar.

· Aplica estos ejercicios a tu juego sexual, y al despertar los sentidos descubrirás que todo tu cuerpo es erógeno y puedes aumentar mucho su capacidad de disfrute, placer y bienestar.

LAS MANOS TAMBIÉN “HABLAN Y ESCUCHAN”

Para comunicarte mejor con tu persona amada, coge sus manos, tócalas, obsérvalas, siéntelas, explóralas a nivel superficial y más profundo, investiga desde su piel y uñas, hasta sus huesos, músculos y articulaciones.

Déjate sentir su tacto y observa lo que sientes: ¿su mano es suave, áspera, fuerte, vacilante, sincera, huidiza, cálida, húmeda, seca…? ¿Cómo reaccionas ante ese contacto?

Este sencillo juego nos une mucho al otro y nos hace conocerlo mejor. Incluso nos permite descubrir aspectos insospechados, que antes no percibíamos de nuestra pareja, como su sensibilidad, temores, su cercanía o lejanía emocional o sexual.

Foto “Love Hand”, cortesía de www.freedigitalphotos.net, autor: Luigi Diamanti

Un paso tras otro, con consciencia

Calzado y atención, para caminar meditando

Calzado y atención, para caminar meditando

Las caminatas no sólo benefician el cuerpo y mejoran la salud. Si se efectúan con presencia y atención sostenidas, se transforman en toda una aventura de descubrimiento interior y exterior, y la senda que recorremos cada día se convierte en un camino de crecimiento personal, que integra mente, emociones y espíritu.

Por Omar R. Goncebat

Estrés, ansiedad, prisas, desatención… Consecuencia: golpes, heridas, torceduras, dislocación, dolor, inflamación…
Las tensiones de la mente se trasladan fácilmente al cuerpo, provocando contracturas, bloqueos y “nudos” musculares, que conforman el caldo de cultivo ideal para un daño físico.
A veces incluso “buscamos” inconcientemente provocarnos una lesión, como una forma inexcusable de “pararnos” durante un tiempo y “entrar en dique seco” para así escapar de un ritmo de vida vertiginoso del que conscientemente no sabemos como salir.
Si durante las caminatas, permitimos que nuestra cabeza viaje errática y continuamente hacia el pasado o el futuro, presa de la agitación y la preocupación, terminamos por perdernos lo único que de verdad vivimos: el momento presente.
Los viajes de la mente, que salta de idea en idea, de la anticipación al recuerdo, como “un mono de rama en rama”, también propician que caminemos con prisa o descuido, sin atender a nuestro cuerpo ni al camino, exponiéndonos a riesgos, al movernos inadecuadamente o pisar donde no debemos.
Sin embargo podemos convertir nuestras caminatas cotidianas, en una auténtica “meditación en movimiento”.
Para evitar riesgos físicos y lesiones y disfrutar de la caminata y sus beneficios, así como para conocernos más y crecer interiormente, al caminar conviene centrar nuestra atención en…

la respiración (enfocar la atención en como entra, se retiene y sale aire de nuestros pulmones, y en la profundidad, ritmo y velocidad con que inspiramos y exhalamos, es una de las bases de la meditación oriental, y nos “ancla” de forma natural en el “aquí y ahora”. Una respiración irregular y acelerada, nos indica que estamos yendo demasiado rápido, fatigándonos y perdiendo el control. Es momento de desacelerar.

….el cuerpo (¿cuáles son nuestras sensaciones? ¿Dónde notamos fatiga, molestias, inflamación o dolor? ¿Qué nos pide el cuerpo: avanzar o detenernos, acelerar o ir más lento, cambiar de ritmo o itinerario? ¿Estamos atentos a sus mensajes y quejas? ¿Las atendemos o ignoramos? ¿Le exigimos un esfuerzo desmesurado? ¿Sentimos los impactos sobre nuestros huesos, músculos, articulaciones? ¿Tendemos a tropezar?

el camino (¿miramos por dónde vamos y pisamos? ¿Tenemos luz o capacidad visual suficiente para ver con nitidez? , ¿Somos conscientes de las piedras, huecos, desniveles, objetos, zonas resbaladizas u otros obstáculos?, ¿La inclinación del terreno o su tipo (césped, tierra, cemento, piedras, arena), nos supone una dificultad o esfuerzo excesivos u obligan a forzar el movimiento?

El caminante, el caminar y el camino, son tres de las figuras más utilizadas por todas las culturas para simbolizar el progreso del ser humano en su recorrido por la existencia.

Las mismas herramientas de crecimiento interior y despertar de la consciencia -atención, observación, presencia, creatividad y experimentación- que aplicamos en ese gran viaje que es la vida, podemos también utilizarlas en ese otro viaje a menor escala pero que también puede ser apasionante, que suponen las caminatas.

Podemos aprovechar nuestra forma de andar para conocernos mejor a nosotros mismos, ya que refleja nuestro estado de ánimo y actitud existencial. Para ello hemos de observar…

la postura. Una cabeza hundida, tronco inclinado hacia adelante, la mirada puesta en los pies y pequeños pasos meticulosos, son señal de que estamos tristes, temerosos y sentimos una gran carga sobre los hombros. En cambio, caminar a paso vivo, con la cabeza erguida y el pecho henchido de seguridad, habla de una persona activa, optimista, esperanzada en el futuro. El solo hecho de caminar de esta segunda manera nos estimula, porque la postura del cuerpo también influye en la mente y el ánimo.

los hombros. Son una de las zonas donde más se refleja el estrés, en forma de contracturas musculares. Podemos aprovechar la caminata para destensarlos mediante un “masaje psíquico”. Consiste en focalizar nuestra atención mental en esa zona del cuerpo, sintiéndola iluminada por una luz blanca y radiante: la energía que conforma el universo. A medida que respiramos, nuestras tensiones y ansiedades se disuelven como la sal en el agua, nuestros hombros se aflojan. Cada respiración nos inunda más y más de paz y serenidad. Podemos sentir o imaginar que la tensión sale a raudales con cada exhalación. Y que con cada inhalación, aspiramos energía, vitalidad y relajación.

el abdomen. Conviene caminar desde el centro de movimiento de nuestro cuerpo, en vez de alejarnos de él. Este punto, que en japonés se denomina “Hara”, es el centro vital de la persona como ser humano, cuerpo y alma, y se encuentra en la zona abdominal, que según las culturas orientales es la sede de las emociones y los sentimientos más profundos. Hemos de pensar que nuestro cuerpo tiene un pequeño motor, que nos guía desde el “Hara”, situado a unos centímetros por debajo del ombligo. Pensar en nosotros mismos como un maravilloso coche con su motor puesto a punto, que vamos a usar con juicio y éxito.

Foto “Beach Trainers”, cortesía de www.freedigitalphotos.net, autor: Simon Howden

Sumar años con sabiduría

Mirar al pasado a veces impide disfrutar del presente

Mirar al pasado a veces impide disfrutar del presente

Los signos y cambios físicos de la edad son un proceso natural y nos recuerdan que entramos en una nueva etapa y ritmo vitales, que nos brindan otras posibilidades. Hay que enorgullecerse de ellos, porque simbolizan una existencia plena de experiencias.

Por Omar R. Goncebat

Más arrugas, sobrepeso, flaccidez y canas. Menos reflejos, agilidad mental, capacidad de esfuerzo y rapidez de recuperación. Problemas con las articulaciones, la dentadura y la respuesta sexual. Dificultades para ver, oír y recordar. La espalda se arquea.
A partir de los 30 años las funciones internas, desde la frecuencia cardiaca y la capacidad pulmonar hasta la resistencia a las infecciones y la depuración renal, comienzan un declive gradual y continuo, que no afecta la calidad de vida, porque la capacidad funcional de los órganos es superior a la que el cuerpo necesita.
Este declive orgánico se acompaña de cambios físicos externos que se hacen más perceptibles a partir de la quinta década de vida. Hay que aceptarlos y darles la bienvenida porque simbolizan la plenitud de la vida, en vez de rechazarlos debido a los estereotipos sociales o a un excesivo apego a lo externo.
La sociedad enfatiza valores como la belleza, la salud, el poder económico y la juventud, y los identifica con la felicidad. Además, existen estereotipos sociales que llevan a asociar la vejez con la decrepitud, la pérdida de capacidades y del atractivo físico y sexual. Por ello, cuando comienzan a aparecer los signos físicos de la madurez, muchas personas los temen e intentan ocultarlos.

MENOS VIGOR, MÁS EXPERIENCIA

Esta percepción de la vejez prevalece en Occidente, ya que en los países orientales, se la valora como fuente de sabiduría.
Muchas personas aceptan el envejecimiento como un proceso normal, lento e inevitable, y siguen viviendo felices, pero muchas otras, lo viven con mucha dificultad.
Aunque muy lento, el deterioro orgánico es inevitable, pero puede ralentizarse, previniendo de paso problemas de salud, si se mantiene una actividad física regular, una dieta y un estilo de vida saludables y se deja de fumar. Además, la situación fisiológica varía según la gente y las circunstancias y no todos envejecemos igual: hay personas que a los 60 años lucen un físico de 40.
Aunque con los años el organismo va perdiendo la capacidad de reserva que le ayuda a rendir físicamente al máximo, con lo que nos cansamos más rápido y tardamos más en recuperarnos del esfuerzo, esta merma no llega a alterar el funcionamiento de la persona, a menos que se sufra una enfermedad que incapacite.
Los cambios físicos y el enlentecimiento fisiológico nos ayudan a adaptarnos a la edad: si no existieran esas señales externas del desgaste orgánico, nos expondríamos a efectuar tareas por encima de nuestra capacidad o aceptar demandas que no estamos en condiciones de afrontar.

UNA MIRADA A NOSOTROS MISMOS

Esos signos físicos también nos inducen a pensar sobre nosotros mismos, tomando consciencia de la nueva etapa vital que está llegando, para aprovecharla al máximo.
Hay que dejar de sobreestimar lo físico y centrar la autoestima en el cuerpo, pasando a potenciar otros aspectos de la vida y a valorarnos según otras facetas, como nuestra personalidad, relaciones, principios, ideas e ilusiones. Es fundamental aceptar los cambios como parte de una evolución normal de la vida, centrarnos en las nuevas posibilidades que ahora tenemos, y vivir el presente, viendo lo que se puede hacer, mantener y aprender.
Es el momento de aprovechar la vida más placentera y relajada a la que invitan los cambios físicos para explorar nuevas actividades artísticas, sociales, lúdicas o de cualquier otro tipo como la lectura, y para aprender aquello que antes no tuvimos tiempo o tranquilidad para desarrollar, como un hobby, oficio o asignatura. También hay que mantener en forma nuestras capacidades, a través de una buena dieta, la gimnasia, una vida mental activa, la actividad social y un estilo vida saludable, sin olvidar las revisiones médicas periódicas para prevenir trastornos.
Es hora de enorgullecerse de esas señales visibles o “cicatrices de guerra” de una vida bien vivida, en la que se han acumulado experiencias, sabiduría y en la que el paso de los años ha aportado muchos conocimientos y elementos valiosos.
Algunas personas afirman que la vejez es el mejor momento de su vida. No sobreestimar ni idealizan lo que hacían de jóvenes, una etapa conflictiva, apresurada, precipitada e inmadura.

Foto “Sea With Girl”, cortesía de www.freedigitalphotos.net, autor Federico Stevanin

Caminos hacia la paz interior

El “río de la vida” fluye por senderos inesperados

El “río de la vida” fluye por senderos inesperados.

Vivir atentos al aquí y ahora, conscientes de cada instante, es uno de los mejores caminos para conectar con la serenidad de ideas, emociones y espíritu que alienta dentro de nosotros. Tomarse la vida con calma es mucho más que evitar el estrés, es una de las llaves de la felicidad.

Por Omar R. Goncebat.

Hay un lugar sereno, donde desaparecen los problemas mentales y emocionales: el preciso instante que vivimos. La quietud interior sólo puede conocerse y sentirse dejando la mente plenamente atenta al aquí y ahora, el único momento en que transcurre la vida. Si actuamos centrándonos en la conciencia del presente, el desasosiego desaparece.
Buena parte de la intranquilidad, proviene de los viajes de nuestra mente, la cual se traslada al pasado para repasar los episodios dolorosos, y los proyecta al futuro, sufriendo porque cree que volverán a repetirse. Nuestra mente es como un “mono loco que va de rama en rama”, saltando de una idea a otra, del recuerdo a la anticipación, de forma automática y continua.
Cuando enfocamos la atención en la vida diaria, en todo lugar y actividad –desde hacer cola en el supermercado, conducir en medio de un tráfico endiablado o entrenar en el gimnasio, hasta fregar los platos en la cocina, mantener una reunión de trabajo o salir con los amigos– la existencia se vuelve más profunda, rica y con más significado.
Vivir con la conciencia del momento no sólo profundiza nuestras experiencias cotidianas, sino que es una de las formas más sencillas y eficaces de ponernos en contacto con la alegría de vivir y la paz interior

Respirar el momento. Necesitamos practicar para asirnos a este fugaz retal de tiempo que es el ahora y mantener un comportamiento atento. Fijarse en la respiración mientras entra por la nariz y observar cómo hace una pausa antes de salir a toda prisa al exhalar, nos ayuda a conseguirlo; al igual que sentir cómo nuestros músculos se ablandan y relajar los ojos, mandíbula y cuello. Cuando nos fijamos en la forma en que nuestra mente se aposenta en la quietud y la calma, ¡ya estamos aquí!.

Testigos, en vez de jueces. Hemos de mantenernos presentes como observadores de nuestra mente, pensamientos y emociones, así como de nuestras reacciones a las situaciones. ¿Cuántas veces nuestra atención se va al pasado o al futuro?. Si evitamos juzgar o analizar lo que observamos, sentiremos algo más poderoso que cualquiera de las cosas observadas: una presencia serena y observante que está detrás de nuestros contenidos mentales.

El ruido mental. Entre el 80 y el 90 por ciento del pensamiento de la mayoría es inútil y repetitivo, y teniendo en cuenta su naturaleza disfuncional y a menudo negativa, buena parte de éste también es dañino. Al observar nuestra mente y meditar, nos damos cuenta de que esto es verdad. El parloteo mental produce un serio desgaste de nuestra energía vital.

Aceptar el presente. A menudo, “cuando llueven piedras”, preferiríamos estar en otra parte. Si nuestro “aquí” nos resulta insoportable y nos hace desgraciados, tenemos tres posibilidades: retirarnos de la situación, cambiarla o aceptarla totalmente. Es hora de elegir una de las opciones y aceptar las consecuencias, sin excusas ni negatividad.

Vivir sin esperar. A veces esperamos a tener un trabajo, a que los niños crezcan, a hacer dinero o a triunfar para empezar a vivir. Pero la verdadera prosperidad es sentirse agradecido por el momento presente y la plenitud de la vida ahora mismo. Cuando actuamos asumimos nuestro poder. Si nos equivocamos, al menos aprenderemos algo del fallo; si permanecemos inactivos y atrapados, no aprendemos nada y aumenta nuestra inquietud.

Hacer sin hacer. Asociamos el permanecer ocioso con juicios negativos o pura pereza. Soñar despierto o permanecer un largo rato en una silla cómoda se considera una pérdida de tiempo. Sin embargo, quedarse quieto tiene un valor. Los antiguos griegos consideraban que era el camino hacia la sabiduría y el bien más elevado. Hemos de darnos permiso para no hacer nada, a lo largo del día. Ello nos sosiega y revitaliza.

Soltar. Cada vez que expiramos, soltando el aire, nos dejamos ir confiando en que habrá otra inspiración que nos mantenga vivos. Igual sucede con nuestra vida. En vez de aferrarnos a las cosas, ideas o relaciones -ya sean buenas, innecesarias o francamente nocivas- hemos hacer caso al mensaje de nuestra respiración, que nos susurra: “déjalo correr, déjalo estar, hay mucho más”.

Foto “Small Waterfall”, cortesía de www.freedigitalphotos.net, autor: prozac1

¿Qué es el Niño Interior? ¿Por qué debemos ocuparnos de él?

¿Qué es el niño interior? ¿Por qué debemos ocuparnos de él?

¿Qué es el niño interior? ¿Por qué debemos ocuparnos de él?

El “Niñ@ Interior” simboliza nuestro ser emocional, esa parte nuestra que creció en un entorno familiar determinado, y que, a muy temprana edad, empezó a ser condicionada a través de la culpa, la crítica, el miedo, el rechazo ….  Todos hemos tenido heridas emocionales que si no hemos trabajado en sanarlas, actúan constantemente boicoteando nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestro bienestar. Cuanto más conozcamos ese “niñ@ interior” herido, y aprendamos a acogerlo y a sanarlo, más podremos ser capaces de conseguir que esta parte de nuestra personalidad trabaje a nuestro favor en lugar de perder energía peleándonos con ella.

Con la experiencia y la capacidad que ahora tenemos podemos aprender a escucharle, abrazarle, acoger sus sentimientos, educarle y ponerle límites saludables a sus reacciones y comportamientos.

En los talleres que organizamos sobre este aspecto de nosotros, aprenderás a reconocer tu “niño interior” mediante un camino de autodescubrimiento. Aprenderás a establecer una comunicación profunda y amorosa con esta parte de tu ser. Aprenderás a cuidarlo y amarlo. Aprenderás a identificar las formas habituales en que se expresa tu “niño interior” herido y pasará a convertirse en un niño interior aceptado, apoyado y amado. Conocerás las claves para detener su auto-sabotaje a tu bienestar vital. Aprenderás a integrarlo en tu vida de adulto.

El trabajo relacionado con el niño interior se relaciona con ponerse en contacto con las etapas de nuestro crecimiento, de nuestro desarrollo, esas que fueron heridas o paralizadas debido a estímulos o a algo demasiado intenso para poder ser manejado.

La terapia para aliviar asuntos del niño interior ayuda al adulto a identificar por qué él o ella tiene una fuerte reacción emocional hacia algo o hacia alguna persona. Llegado el momento podemos darnos cuenta que atraemos hacia nuestra vida a personas con problemas de alcoholismo o que son abusivos o que nos descuidan. También atraemos a personas emocionalmente inestables que más adelante nos abandonan. Todo esto tiene una razón de ser. Podríamos pensar que el niño interior está en nuestro corazón, vive ahí, necesita cosas y desea cosas para mantenerse vivo. Lo más importante que este niño necesita es AMOR. También necesita ser reconfortado acerca de traumas y dolor de eventos vividos, y que le aseguren que eso no sucederá de nuevo. Necesita expresar sus sentimientos.

Foto “Walking Barefoot On The Beach”, cortesía de www.freedigitalphotos.net, autor: Daniel St.Pierre

Ayudamos a las personas a sentirse mejor

La variada formación complementaria de la psicóloga clínica, Margarita García Marqués: terapia gelstalt, psicoanálisis y bioenergética, terapia de Chakra, etc., le permite utlizar diversas técnicas para ayudar a sentirnos mejor

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